Por Ruben D. Arvizu

En un mundo en el que la violencia y la crueldad de la guerra están aumentando en muchas partes de nuestro sufrido planeta, el Dr. David Krieger, Cofundador y presidente Emérito de la Nuclear Age Peace Foundation (NAPF), falleció el pasado jueves 7 de diciembre en su casa de Santa Bárbara, California, con su querida familia a su lado

No es fácil resumir en unos párrafos su larga y positiva vida de acción pacifista en favor de la eliminación de las armas nucleares. Le recuerdo con gran afecto en una sincera amistad de más de 35 años. Hablé con él hace sólo unas semanas y su voz estaba fatigada, cansada por la enfermedad que le aquejaba. Pero su mensaje era firme, que debemos redoblar nuestros esfuerzos para evitar la catástrofe nuclear que sería el fin de la humanidad. Comparto con ustedes estos dos mensajes que recibí de él a mediados del mes pasado, el segundo de los cuales es su comentario sobre mi artículo Los niños de la guerra.

“Gracias, Rubén. Tenemos una larga y sólida amistad, que valoro mucho.

Abrazos para B y para Dianne,
David.”

“Sí, Rubén, Las guerras dejan cicatrices en los niños, a menudo de por vida. Son un triste recordatorio de lo poco que hemos progresado hacia la decencia, a pesar de nuestros esfuerzos. Debemos encontrar la manera de hacerlo mejor. Tienes razón en que la paz no puede florecer sin amor. Son las dos caras de una moneda.

Abrazos,
David.”

Gracias a él, en junio de 1989 tuve la oportunidad muy especial de conocer y conversar con el capitán Jacques-Yves Cousteau, mientras recibía el Premio al Líder de la Paz de la NAPF. De aquel encuentro surgió la invitación de Cousteau a “unirme a su familia”, cosa que hice casi de inmediato, y mi vida tomó un nuevo rumbo. David me pidió que me uniera también a NAPF, y fue otro gran honor cuando me nombró director para América Latina, y durante su dirección representé a la organización en innumerables acciones, conferencias, charlas, todas ellas centradas en transmiEr el mensaje de la paz y la urgencia de que todos los ciudadanos del mundo exijan el fin de las armas nucleares. Krieger era un hombre de pensamiento, convicción y honor. Quería un mundo más seguro, más pacífico y, en definitiva, más amable y justo para todos. Nunca dejó de creer que era posible. Era fácil y natural senErse atraído por su carisma, su honesEdad y sus profundos conocimientos sobre la paz y el desarme nuclear. David Krieger fue nominado 10 veces al Premio Nobel de la Paz. En 2017, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) recibió el Premio Nobel de la Paz. NAPF se enorgullece de formar parte de esta campaña.

David mantuvo una estrecha relación con América Latina. En una ocasión, me habló de su colaboración en los años sesenta con el embajador de México ante las Naciones Unidas, Alfonso García Robles, en la redacción del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe, también conocido como Tratado de Tlatelolco.

Este tratado prohibió la producción, almacenamiento o transporte de cualquier Epo de armas nucleares en América Latina y el Caribe. Este documento ha servido de ejemplo para otros acuerdos similares. García Robles recibió el Premio Nobel de la Paz en 1982. “Fue un hombre extraordinario que me ayudó mucho por su entusiasmo por la paz y el desarme de las amenazadoras armas de destrucción masiva”, me dijo una vez.

David amaba y escribía poesía y lo hacía muy bien en el estilo japonés haiku. Un día me explicó que con este estilo de poesía le resultaba más fácil dejar volar su espíritu y expresar sus sentimientos sobre los acontecimientos mundiales y las cosas cotidianas. Tuve el gran placer de traducir varios de esos poemas al español, que se reprodujeron con gran éxito en los medios de comunicación latinos de Estados Unidos y América Latina. También admiraba mucho al poeta chileno Pablo Neruda.

David fue uno de los principales impulsores de que Hiroshima y Nagasaki fueran recordadas cada año por la enorme tragedia de las ciudades destruidas por las bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial, y de que no se permitera que volviera a ocurrir en ningún lugar. Alentó la asistencia a reuniones y conferencias de hibakushas, los supervivientes de aquel holocausto atómico, que relatan y comparten sus terribles experiencias.

Esta Navidad echaré de menos la hermosa tarjeta que recibíamos todos los años en casa, de David y su querida familia.

Descansa en paz, David Krieger, un gran hombre de paz.