Embajadores de la Era Nuclear
Por David Krieger
Traducción de Rubén Arvizu

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En la Nuclear Age Peace Foundation, recientemente hemos sido anfitriones de dos hibakusha, los supervivientes de los bombardeos atómicos. Ambos hibakusha son mujeres, sobrevivieron el bombardeo atómico norteamericano de Hiroshima en 1945.  Junko Kayashige, la más joven de las dos mujeres, tenía 6 años cuando la bomba cayó sobre su ciudad. Miyako Yano era una adolescente de  14 años.
 
Las dos hibakusha que nos visitaron, y todos los supervivientes de la bomba atómica, son embajadores de la era nuclear. Sus metas son librar al mundo de las armas nucleares y ayudar a la humanidad a abandonar su predilección por resolver los conflictos recurriendo a la guerra, por medio de la comprensión de su experiencia personal.  La guerra en la era nuclear es un catalizador para la aniquilación mundial.
 
Las dos damas de Hiroshima viajaron a los Estados Unidos para contar sus historias. Lo hicieron con la esperanza de que su pasado no se convierta en nuestro futuro. Ellas desean que nadie más sufra la suerte de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Junko Kayashige declaró, "No nos queda mucho tiempo a nosotros, los hibakusha. Tenemos que encontrar la manera de no crear aún más hibakushsa ". Por lo tanto, hablan y comparten sus tristes y dolorosos recuerdos.
 
Las dos mujeres dialogaron con los estudiantes en una universidad local y en asambleas en dos escuelas secundarias. Los estudiantes escucharon con total atención las historias personales de estas testigos de la historia. A lo largo de su vida han sufrido el temor de que serían afectadas con cáncer, leucemia u otras enfermedades relacionadas con la radiación, la suerte de tantas víctimas de los bombardeos atómicos. También les ha preocupado el hecho de que la radiación afectaría a sus hijos o nietos.
 
Yano Miyako, la mayor de las dos mujeres, era un estudiante de segundo año de secundaria en un colegio para niñas cuando la bomba fue detonada. Su clase había sido asignada a la tarea de ayudar a limpiar los escombros en la ciudad, cerca de lo que se convertiría en el epicentro de la explosión. El día del bombardeo ella estaba enferma y se quedó en casa. Por esta casualidad salvó su vida. Si el atentado se hubiera producido el día anterior, ella habría tenido una muerte segura pues hubiera estado a sólo 500 metros del blanco. Su casa estaba a cuatro kilómetros del epicentro de la detonación. Su familia ayudó a cuidar de los heridos, muchos de los cuales murieron de envenenamiento por radiación. A sus 14 años de edad, Miyako se encargó de la tarea de incinerar a los muertos.
 
Junko Kayashige comparte una fotografía de su familia tomada antes de los bombardeos. Muestra el sombrío panorama de una familia reunida en tiempo de guerra. Su hermano mayor estaba a punto de ir al combate, y sus padres pensaron que sería la última fotografía que se tomarían todos  juntos. Es, de hecho, la última foto de toda la familia, pero por una razón diferente. En el bombardeo de Hiroshima dos de sus hermanas fueron víctimas. Su padre fue capaz de encontrar a una de sus hijas, cuya parte posterior quedó quemada atrozmente con gusanos pululando en las heridas. La familia trató de ayudarle, pero ella murió diez días más tarde, probablemente debido a la radiación. La otra hermana, que había salido al mercado, no fue encontrada. La familia nunca supo cómo pereció.
 
La mayoría de los estadounidenses tienen una comprensión incompleta de los bombardeos atómicos, porque se basan en los efectos desde arriba, es decir, desde la perspectiva de los terroristas, en lugar del punto de vista de las víctimas. La ausencia de cadáveres en la cuenta de los vencedores deja un gran vacío que sólo puede ser llenado con el relato de los sobrevivientes. Esto es importante no sólo para una mejor comprensión del pasado, sino para crear un futuro más seguro.
 
Si el mundo sigue el camino en el que un pequeño número de países dependen de las armas nucleares para su "seguridad", finalmente esas armas se utilizarán de nuevo, por accidente o por órdenes. Los vencedores de ayer pueden convertirse en víctimas de mañana. Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo,  puede ser puesto de  rodillas por un grupo terrorista en posesión de armas nucleares.
 
Sólo hay una manera de poner fin a esta amenaza, y es la abolición de esas armas. Los hibakusha lo dicen claramente; las armas nucleares y los seres humanos no pueden coexistir. El mundo no es lo suficientemente grande para ambos. O las armas nucleares son eliminadas o los seres humanos se enfrentan a la amenaza de extinción por las armas que ellos crearon.
 
Los hibakusha continúan advirtiéndonos de los peligros nucleares que ensombrecen el futuro humano. Hace mucho tiempo que perdonaron a sus agresores y hablan por la bondad de sus corazones. Miyako Yano declaró: "Creo que la bombas –A fueron lanzadas no en Hiroshima y Nagasaki, sino sobre toda la humanidad. No tenemos más remedio que abolir las armas nucleares. "
 
Los hibakusha nos urgen a actuar haciendo caso a sus advertencias. Sus voces son suaves pero claras. Nos convocan a lograr la voluntad política necesaria para librar al mundo de esta amenaza general.

 

David Krieger es presidente de Nuclear Age Peace Foundation (www.wagingpeace.org) y consejero de World Future Council. Ruben Arvizu es director para América Latina de Nuclear Age Peace Foundation.