Nuestras tropas deben salir de Iraq
Por Walter Cronkite y David Krieger
Traducción de Rubén Arvizu
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El pueblo de Estados Unidos ya no apoya la guerra en Irak. La guerra se lleva a cabo debido a un recalcitrante presidente que, al igual que Lyndon Johnson y Richard Nixon durante la guerra de Vietnam, no quiere ser un perdedor. Pero desde el principio esta ha sido una guerra mal concebida y peor manejada. Al igual que la guerra de Vietnam, ha disminuido el respeto hacia  Estados Unidos. Estamos seguros de que el Sr. Bush quiere arrastrar este conflicto el tiempo suficiente para que sea responsabilidad del próximo presidente.

La guerra en Irak nos recuerda la tragedia de la guerra de Vietnam. Los dos conflictos comenzaron con afirmaciones falsas del presidente de Estados Unidos al pueblo y el Congreso estadounidense. Al igual que en Vietnam, la guerra de Irak ha introducido un nuevo vocabulario de frases sin sentido: "conmoción y pavor," "misión cumplida,"  "incremento de tropas." Al igual que en Vietnam, hemos destruido ciudades con la excusa de salvarlas. No se trata de una estrategia para el éxito.

La administración Bush ha tratado de evitar poner fin a la guerra enviando más tropas, pero más tropas no resolverán el problema. Hemos perdido los corazones y las mentes de la mayoría del pueblo iraquí, y la victoria no es ni siquiera una remota posibilidad.  Es hora de poner fin a nuestra ocupación de Irak, y
traer nuestras tropas a casa.

Esta guerra tiene un limitado conteo de bajas. Ciertos informes indican que más de un millón de iraquíes han muerto en la guerra. Estos informes no pueden ser corroborados porque el ejército estadounidense no hace público el número de iraquíes muertos y heridos.  También se informa de que unos cuatro millones de iraquíes han sido desplazados y refugiados ya sea en el extranjero o en el marco de su propio país. Los iraquíes con los medios para salir de su patria se han marchado. Están aterrados. Ellos no confían en los EE.UU., sus aliados o sus mercenarios para protegerlos a ellos y a sus intereses.

Tenemos una idea sobre el número de bajas estadounidenses en Iraq. Unos 4.000 soldados han muerto en esta guerra, alrededor de un tercio más que el número de personas que murieron en los ataques terroristas del 9 / 11. Y unos 28.000 soldados han sufrido lesiones debilitantes. Muchos más han sido afectados por el trauma de la guerra, de manera que ellos tendrán que sufrirlo por el resto de sus vidas al igual que sus seres queridos, y la sociedad en su conjunto. Debido a insuficientes recursos, los soldados heridos no están recibiendo el tratamiento médico y mental que se merecen.

La invasión de Irak fue ilegal desde el principio. No sólo se mintió al Congreso con el fin de garantizar su apoyo a la invasión de esa nación, la guerra careció del apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, por tanto, fue un conflicto de agresión iniciado bajo falsas pretensiones de la existencia de armas de destrucción masiva. No había tales armas en Iraq. Tampoco las afirmaciones de una relación directa entre Iraq y Al Qaeda demostraron ser ciertas. Al final, la democracia no ha llegado a Iraq. Su gobierno está obligado a someterse a la voluntad de la administración norteamericana.

Lo que la guerra ha logrado es el derrumbe de la credibilidad de Estados Unidos en todo el mundo, el debilitamiento de nuestras fuerzas armadas, y la desintegración de nuestra Carta de Derechos. El economista Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía calcula que la guerra está costando a los  contribuyentes estadounidenses más de un trillón de dólares. Esta cantidad podría duplicarse si la guerra continúa. Cada minuto se gastan medio millón de dólares en Iraq. Nuestras pérdidas son incalculables. Es hora de eliminar nuestras fuerzas militares de Iraq.
 
Hemos de preguntarnos si continuar este conflicto beneficia al pueblo de los Estados Unidos o lo está debilitando. Debemos cuestionar también si la continuación de la guerra está beneficiando al pueblo iraquí o inflingiéndole enormes sufrimientos. Creemos que la respuesta a estas preguntas es que tanto los estadounidenes como los iraquíes se beneficiarán si la Unión Americana pone fin a su presencia militar en Iraq.

Superar esta crisis no es complicado, pero sí requiere de valor. El primer paso es proceder a la rápida retirada de las tropas norteamericanas de Iraq y entregar la responsabilidad de la seguridad de dicha nación a las fuerzas iraquíes. El segundo paso es eliminar nuestras bases militares en Irak y entregar el  control del petróleo a sus ciudadanos. El tercer paso es proporcionar recursos a los iraquíes para
reconstruir la infraestructura que ha sido deshecha en este conflicto.

El Congreso debe actuar. Aunque el Congreso nunca declaró la guerra, como es requerido por la Constitución, le otorgó al presidente la autoridad para invadir Iraq. El Congreso debe ahora retirar esa autoridad y poner fin a su financiación de la guerra.

No es probable, sin embargo, que el Congreso actúe a menos que el pueblo estadounidense haga oír su voz con inconfundible claridad. Esa es la forma en que la guerra de Vietnam fue llevada a su fin. Es la forma en que la guerra de Irak también tendrá fin. La única pregunta es si será ahora, o si se prolongará, con todo el sufrimiento que eso implica; más tragedias, más costos y una degradante derrota. Seremos una nación más fuerte y decente si traemos ahora los soldados a casa.

Walter Cronkite fue por muchos años el comentarista de noticias nacionales de CBS. David Krieger es Presidente de Nuclear Age Peace Foundation. Ruben Arvizu es Director para América Latina de Nuclear Age Peace Foundation.


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