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El Tratado de la No Proliferación  está Fallando:
¿Que Hacer Ahora?

Por Richard Falk y David Krieger *
Traducción de Rubén Arvizu **

Últimamente, durante varias décadas,  el mundo ha estado viviendo con la ilusión de que el Tratado de la No Proliferación (TNP) estableció un régimen que ha salvado al mundo del peligro nuclear.  Es una ilusión en parte porque tres aspirantes a las armas nucleares (Israel, la India y Paquistán) se han mantenido claramente fuera del tratado, sin sufrir ninguna consecuencia adversa cuando desarrollaron arsenales nucleares.  Al  contrario, el pacto nuclear propuesto por el  presidente Bush con la India se debe entender como una recompensa diplomática importante a pesar de que la India ha cruzado el umbral de las armas nucleares.  A Israel se le ha permitido desarrollar un formidable arsenal  nuclear mientras que el mundo  occidental se ha mantenido totalmente en silencio.

 Pero ésta no es la única preocupación.  El TNP ha generado un nuevo sistema de pretextos para lanzar una guerra agresiva.  La invasión de Irak en 2003 fue justificada principalmente, para el  público por lo menos, debido al arsenal de Bagdad de armas de destrucción total y de su programa secreto de armas nucleares.  La realidad es que no existió tal arsenal, ni el programa, y eso envía el perverso mensaje de que un país hostil a los Estados Unidos puede estar mejor protegido si tiene esas  armas que si no las posee.  ¡Irán y Corea del Norte entendieron muy bien este mensaje!  Y ahora, cambiando el curso, Estados Unidos está conduciendo una segunda etapa hacia una guerra agresiva, este vez contra Irán, y al hacerlo nos acerca al precipicio nuclear.  Las rumores abundan de que la única manera segura de inhabilitar las capacidades nucleares de Irán será utilizando proyectiles tácticos  nucleares para destruir instalaciones subterráneas protegidas.

Y hay aún más por qué  preocuparse.  El TNP promete en su artículo IV como cuestión de "derecho inalienable" el completo acceso a las formas pacíficas de la tecnología nuclear para los estados no nucleares. .  Varios países, incluyendo Alemania y Japón, participantes del TNP, poseen  un ciclo completo de combustible nuclear, incluyendo las fases de enriquecimiento, lo que les permitiría adquirir armas nucleares en cuestión de semanas o de meses.  A Irán se le está amenazando con ataques militares y sanciones de la ONU si se mueve en una dirección similar.  Esto parece ser un acto tan evidentemente discriminatorio de una disposición vital del TNP que provee argumentos a Irán para actuar  como mejor le convenga.  Es la ley elemental de un tratado que si se viola una disposición importante, esto constituye un rompimiento que permite que otras partes interesadas declaren su renuncia a seguir siendo gobernadas por el tratado.  En cualquier evento, el tratado permite que las partes se retiren, y Corea del Norte ya ha ejercido esta opción. 

Si esto no fuera lo bastante preocupante, hay aún más problemas con el TNP.  Los estados con armas nucleares, comenzando con  Estados Unidos, no han podido mantener sus obligaciones con el artículo VI de proseguir en negociaciones de buena fe  el desarme nuclear, y más allá que esto, buscar el desarme general y completo.  La Corte Internacional de la Haya dictaminó en 1996 que los estados nucleares deberían cumplir el artículo VI como una solemne obligación legal.  La mayoría de los estados sin armas  nucleares han declarado su malestar por esta falta de cumplimiento. Ha pasado mucho tiempo sin que se haga algo. No es tolerable acercarse cada vez más  al precipicio nuclear, esperando solo lo mejor.  Es hora para que un grupo de gobiernos, tantos como sea posible, declaren formalmente que ya han esperado bastante tiempo.  Es hora de decir que el TNP fue basado en obligaciones mutuas, y está fallando.  Ya ha pasado  la hora de despertar a los estados con armas nucleares administrando terapias de choque.

Esto no es una súplica para la proliferación.  Es una súplica urgente para el desarme nuclear basado en un acuerdo negociado, una supervisión y una verificación confiable, reducciones de arsenales basadas en fases lógicas, y un verdadero cometido  a la prohibición total de la amenaza o del uso de estas armas.  Solamente  Estados Unidos tiene el poder  para llevar en sus hombros la responsabilidad de tomar una medida tan trascendental para salvaguardar su propia seguridad y contribuir a la realidad de un mundo libre de armas nucleares.  Es absurdo creer que podemos tener un arreglo por el cual algunos estados adquieren y continúen desarrollando estas armas mientras que otros son castigados o amenazados con la guerra por hacer lo mismo en una escala minúscula.  Esta lógica del TNP de tener  dobles  estándares es la peor posible.  Ya habría sido tratada como absurda si de igual forma se hubiesen tomado los tratados que renuncian al derecho de desarrollar o de poseer  armas químicas y biológicas.  Aunque algunos estados tenían reservas enormes de estas armas, los tratados fueron basados en la igualdad de las obligaciones que comprometen a todos los estados.  ¿Por qué las armas nucleares deben ser tratadas en forma  diferente? 

Y el acercamiento del TNP a la energía atómica también tiene grandes fallas  No hay manera de permitir este acceso a los países sin considerarlos también en forma latente para poseer armas nucleares.  La única solución es en esta etapa imponer una moratoria a la producción de  materiales fisionables para uso militar,  y esos materiales producidos deben ser puestos bajo estrictos controles internacionales  en todos los países incluyendo Estados Unidos.  Además, se debe establecer inmediatamente una Agencia Internacional de Energía Sostenible y financiarla generosamente  para ofrecer ayuda a países pobres para que desarrollen varios tipos de energía sostenible (solar, viento, geotérmico, de mareas).  Tal paso  ayudaría a evitar una crisis global de la energía, y contribuiría a la protección del medio ambiente. 

Por lo tanto, estamos solicitando dos nuevos tratados:  un Tratado del Desarme Nuclear y un tratado estableciendo una Agencia Internacional de Energía Sostenible.  Éstas son las únicas iniciativas que podrían en forma razonable  alejarnos del borde del  aterrorizante precipicio nuclear.

Richard Falk es  Profesor Emérito de Ley Internacional de la Universidad de Princeton y  Director General de la Nuclear Age Peace Foundation. 

David Krieger es Presidente de la Nuclear Age Peace Foundation

Rubén Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation (www.wagingpeace.org).

 

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