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Sir Joseph Rotblat: En Legado de Paz
(1908 – 2005)
Por David Krieger*
Traducción de Rubén Arvizu**

Joseph Rotblat fue uno de los grandes hombres del siglo XX. Fue un hombre de ciencia y de paz. Nació en Varsovia, Polonia en 1908, uno de esos individuos únicos que, como Rosa Parks o Nelson Mandela, llega en una intersección con la historia y forja valerosamente una trayectoria nueva. En el caso de Joseph, la intersección con la historia llegó en 1944 cuando trabajaba en el Proyecto Manhattan, el proyecto de los EE.UU. para desarrollar la bomba atómica.
Joseph había trabajado como científico hacia la creación de una arma atómica, primero en el Reino Unido en la universidad de Liverpool y luego en Los Halamos, Nuevo México. Cuando se comprobó a finales de 1944 que Alemania no tendría éxito en desarrollar una bomba atómica, Joseph concluyó que no había razón de continuar el trabajo en crear tal artefacto.
Para él, había solamente una razón para crear una arma atómica, y sería para disuadir a Alemania el usar tal arma .Si los alemanes no iban a tener una arma atómica, entonces no había razón para que los aliados la tuvieran. Joseph fue el único científico que abandonó el proyecto Manhattan basado en argumentos morales.
Fue el ultimo sobreviviente de los firmantes en 1955 del Manifiesto Russell- Einstein, uno de los grandes documentos del siglo XX , y con frecuencia citaba sus párrafos finales "apelamos, como seres humanos, a los seres humanos: Recuerde su humanidad y olvídese del resto. Si usted puede hacerlo, el camino se abre para un nuevo paraíso; si no puede hacerlo, entonces está el riesgo de la muerte universal."
Estaba convencido de que los países necesitaban suprimir las armas nucleares y dedicó su vida a alcanzar esta meta, así como poner fin a la guerra como una institución humana. Poco antes de cumplir sus 90 años, declaró que todavía tenía dos grandes metas en su vida. "mi meta a corto plazo," dijo, "es la abolición de armas nucleares, y mi meta a largo plazo es la abolición de la guerra."
Joseph fungió por muchos años como Secretario General de las Conferencias de Pugwash Sobre Asuntos de la Ciencia y del Mundo, y sirvió más adelante como Presidente de las Conferencias de Pugwash. Su trabajo con Pugwash fue crucial para reunir a científicos del este y del oeste, de modo que pudieran encontrar una base común para terminar la guerra fría con su maniática carrera armamentista. En 1995, Joseph y las conferencias de Pugwash recibieron en forma comunizada el premio Nobel de la Paz.
Comenzó su discurso de aceptación del premio Nobel diciendo, "en este acontecimiento trascendental en mi vida... deseo hablar como científico, pero también como humano. Desde muy joven sentí una pasión por la ciencia. Pero la ciencia, el supremo ejercicio del intelecto humano, quedó ligada siempre en mi mente como un beneficio para la humanidad. Vi a la ciencia como una forma de estar en armonía con la humanidad. Nunca imaginé que pasaría la segunda mitad de mi vida esforzándome por evitar un peligro mortal para la humanidad creado por la ciencia."
En su discurso, él razonó que un mundo libre de armas nucleares sería más seguro que un mundo con ellas, pero el peligro de la "última catástrofe" continua existiendo. Concluyó diciendo que la guerra debe ser suprimida: "la búsqueda por un mundo libre de guerras tiene un propósito básico: la supervivencia. Pero si en el proceso aprendemos cómo alcanzarla por amor más bien que por miedo, por convicción más bien que por obligación; si en el proceso aprendemos a combinar lo esencial con lo agradable, lo práctico con lo hermoso, éste será un incentivo adicional para emprender esta gran tarea."
Cuando Joseph vino a Santa Bárbara en 1997 para recibir el premio Lifetime Achievement por Liderazgo Distinguido por la Paz que otorga la Nuclear Age Foundation le pregunté, "¿Qué le da esperanza para el futuro?" y respondió, "Mi esperanza se basa en la lógica. No hay otra alternativa. Si no hacemos esto [ eliminar las armas nucleares e inculcar más responsabilidad a los científicos así como a ciudadanos en general ], entonces estamos condenados. La existencia entera de la humanidad está en peligro. Ahora somos una especie en peligro de extinción y tenemos que tomar medidas para prevenir la desaparición de la especie humana. Le debemos lealtad a la humanidad. Puesto que no hay otro camino, debemos proceder de esta manera. Por lo tanto, si debemos hacerlo, entonces todavía hay esperanza."
A principios de este año, Joseph hizo un llamado a los delegados a la Conferencia de la Revisión del Tratado de la no Proliferación Nuclear, llevada a cabo en mayo en los Naciones Unidas en Nueva York. "moralidad," él escribió, "es la base del tema nuclear: ¿vamos a basar nuestro mundo en una cultura de la paz o en una cultura de la guerra? Las armas nucleares son fundamentalmente inmorales: su acción es indistinta, afectando tanto a civiles como a militares, inocentes y agresores por igual, matando a los que viven ahora y a las generaciones futuras. Y la consecuencia de su uso podía traer la extinción total de la raza humana." Terminó su llamado diciendo una vez más, "recuerde su humanidad."
Visité a Joseph en su hogar en Londres hace apenas unos meses. Su movilidad había disminuido y se sentía frustrado por no poder estar activo como él acostumbraba. Pero su espíritu estaba entero, seguía sonriente y miraba hacia el futuro. Continuaba dedicado a sus esfuerzos por alcanzar un mundo sin armas nucleares y sin guerras - metas a las cuales había dedicado por completo su energía, intelecto y sabiduría.
Joseph ha dejado una enorme herencia por la paz. Es nuestro deber ahora tomar el bastón de mando que él llevó por tanto tiempo con tan apasionada gallardía, y continuar su legado.
*David Krieger es Presidente de la Nuclear Age Peace Foundation (www.wagingpeace.org) y Director de la International Network of Engineers and Scientists for Global Responsibility (www.inesglobal.org).
**Rubén Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation
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