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Cancelen las Fiestas de Inauguración
y Aumenten la Ayuda a las Víctimas del Tsunami
por David Krieger*
traducción de Rubén Arvizu**

Esta ha sido una tragedia en la familia, la familia humana. Mirando y leyendo sobre las víctimas del tsunami en Asia del Sur, sentimos una pena enorme ante la magnitud de la pérdida de vidas. El número de víctimas continúa aumentando y existe el temor de que enfermedades y contagios sigan la estela del desastre, cobrando muchas vidas más.

Ante la magnitud del mayor desastre natural que se tiene memoria, gente en todo el mundo se está organizando para ayudar a las víctimas.

Después de su vergaonzoso ofrecimiento original de $35 millones de dólares, Estados Unidos ha prometido $350 millones en ayuda. El Presidente Bush ha pedido que las banderas de los E.E.U.U. sean izadas a media asta como homenaje a las víctimas y ha pedido que los ciudadanos norteamericanos contribuyan generósamente en el esfuerzo humanitario Ha alistado a dos ex-presidentes, George H.W. Bush y Bill Clinton, para encabezar un comité para solicitar fondos privados hacia esta meta. "Pido que cada norteaamericano," dijo, "contribuya en lo más posible." Esto es ciertamente algo muy loable, pero falta la contribución que podríamos hacer como país.

Hay una fiesta muy grande, o una serie de fiestas, programadas en enero 20 para la segunda inauguración de George W. Bush como presidente de los Estados Unidos.

Se han obtenido cerca de 40 millones de dólares en fondos privados para esta fiesta de gala. El precio máximo para los boletos es $250.000 cada uno e incluye el almuerzo con el presidente y el vice presidente. La seguridad para los eventos también costará millones.

Estando aún en el medio de la devstadora tragedia en Asia del Sur, no mencionando a las 150.000 tropas norteamericanas americanas en combate en Iraq , parece terriblemente mal seguir adelante con tal celebración.

Los estadounienses deben refrenarse de celebrar fiestas nacionales mientras que todavía se debate qué más puede hacerse para ayudar a millones de víctimas del desastre del tsunami.

Existe un precedente para esto: la cuarta inauguración de Franklin Delano Roosevelt, en enero de 1945 durante la II Guerra Mundial II , la cual fue descrita como "simple y austera sin la fanfarria formal que siguió el acontecimiento." Tampoco hubo desfile debido al racionamiento de la gasolina. Tragedias tales como la que continua desenvolviéndose en Asia del Sur nos recuerdan que todos somos parte de la familia humana. Cuando una parte de la familia sufre, todos sentimos ese dolor. Los informes nos dicen que más de 150.000 personas, incluyendo 50.000 niños han muerto ya como resultado de este desastre. Éstos son nuestros compañeros seres humanos. Éstos son nuestros niños.

¿Podemos imaginar, e incluso sentir la pena que embarga a millones de habitantes de este planeta? Esto nos hace recordar que somos un mundo y una sola familia. La tragedia no ocurrió allá. Está en todas partes. No es su tragedia. Es nuestra tragedia compartida.

Sería una estupenda muestra ante el mundo que Estados Unidos siente íntimamente lo ocurrido y por compasión el presidente cancelara la ceremonia prevista de su inauguración, los desfiles y las fiestas, la pompa y circunstancia, y agrege los diez millones de dólares ahorrados al fondo para las víctimas del desastre.

Incluso con esto, todavía los estadounidenses estaríamos contribuyendo oficialmente menos a los esfuerzos de ayuda que los japoneses, australianos y alemanes. Demostremos que individual y colectivamente tomamos seriamente la ayuda a las víctimas del tsunami. Sería bueno para ellas y también para nuestro espíritu, definir qué y cuánto somos capaces de ser y hacer.

*David Krieger es Presidente de la Nuclear Age Peace Foundation
** Rubén Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation (www.wagingpeace.org).

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