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Un Gran Momento Olímpico
por David Krieger*
traducción de Rubén Arvizu **

Las Olimpiadas son siempre magníficas. Unifican al mundo. La competición de los talentosos jóvenes atletas demuestra la energía, la velocidad, la precision, el logro humano y, sobretodo, la belleza del espíritu. Nos recuerdan que somos un mundo, y somos capaces de reunirnos para competir pacíficamente.

En las Olimpiadas de Atenas, ocurrió un momento fascinante que demostró el poder de la gente. Ocurrió durante la competición gimnástica de los hombres. El campeón olímpico ruso, Alexi Nemov realizaba su prueba en la barra individual alta. Nemov hizo una rutina magnífica, lanzándose de la barra y volando cuatro o cinco veces. Cuando aterrizó en el final de su prueba surgió una enorme ovación.

En ese momento las cuentas de los jueces se dieron a conocer. Eran más bajas que las que el público creía justas, así que los espectadores se pusieron en pie y abuchearon a los jueces. Muchas tentativas fueron hechas para tranquilizar a la muchedumbre para que el siguiente atleta pudiera competir, pero el público no guardaba silencio. Creyeron claramente que habían atestiguado una injusticia, y no estaban dispuestos a callar ante tal hecho.

A este punto uno de los altos funcionarios olímpicos se dirigió a la plataforma de los jueces y habló con dos de los que habían dado particularmente puntuaciones bajas. Estas fueron ajustadas y nuevos números aparecieron en el marcador. Pero los espectadores todavía no estaban satisfechos por completo ya que la puntuación aún permanecía debajo del nivel de la brillante actuación de Nemov. La gente continuó expresando su descontento.

Entonces, Nemov hizo frente al público. Con gran humildad, él gesticuló a la muchedumbre para que pararan su protesta y la gente obedeció. La arena finalmente quedó lista para que la competencia continuara.

¿Por qué fue éste un gran momento? Porque la gente protestó espontáneamente ante una injusticia percibida. Porque la muchedumbre multinacional en la arena se solidarizó con un atleta al que pensó se le había tratado injustamente. Porque ese día el público demostró que su poder no debía ser negado. Porque demostró al mundo que no iban a aminorarse ante los expertos, en este caso los jueces, ante lo que ellos consideraban justo.

Si tan solo pudiésemos aprender de este gran momento olímpico. La gente cuenta. La justicia cuenta. Y hay momentos en que es necesario que la gente levante sus voces contra quien detenta el poder si los individuos deben ser protegidos y la justicia mantenida.

*David Krieger es Presidente de la Nuclear Age Peace Foundation

** Rubén Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation

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