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El Renacer Del Espiritu
Por José Alfredo Vallejo Canale*,
March 22, 2004
Hace escasos
diez días que los que vivimos en esta castiza
urbe llamada Madrid llevamos sobre nuestras espaldas un gran
peso: el duelo, la tristeza y el recogimiento, pero también
el espíritu, la solidaridad y la comprensión. Hace
escasos diez días caminábamos en silencio por calles
y plazas, conducíamos nuestros coches y cruzábamos
avenidas con esa mirada perdida y los ojos vidriosos, expectantes
y en un terrible shock, tan sólo tranquilizados (los que
tuvimos la bendición) de saber que nuestros seres queridos
no viajaban en los trenes de la muerte, aunque sí supiéramos,
el que más o el que menos, de algún allegado que
se encontrara esa mañana con la muerte, ya fuera por llegar
temprano o por llegar tarde. Nombres y apellidos, voces, miradas.
Madrid recordaba Hiroshima tras las bombas de la II Guerra Mundial,
flotaba en el ambiente la conmoción de sufrir todos y
cada uno de nosotros la onda expansiva sicológica de la
pólvora que estallara en cada uno de los cuatro trenes.
No era momento de correr despavoridos gritando
a los cuatro vientos que se advenía el fin del mundo, ni de escondernos
atemorizados en nuestras casas bajos las alas del Leviatán, ése
que Hobbes describiera como el Dios mortal que se erige de entre
los hombres para protegerles, aun renunciando a los derechos
que les son inherentes por el hecho de ser hombres. Sin embargo
el mismo Hobbes, en su definición del Estado afirma que éste
es “una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos
mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada
uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza
y medios de todos, como lo juzque oportuno, para asegurar la
paz y defensa común” (HOBBES, Leviatán, Parte
II Capítulo 17).
Pero a medida que éramos más y más conscientes
que junto con más de 200 vidas y 1.500 heridos, víctimas
latentes de la barbarie y la sinrazón, todos y cada uno
habíamos dejado algo de nosotros en aquellos trenes, y
que se trataba de un cruel ataque contra la simple existencia,
por aquéllos quienes en nombre de la “Fe Verdadera” reprimen
de la vida a quienes aparentemente no ostentan dicha fe, rápidamente
actuamos en consecuencia, dando al mundo entero un claro ejercicio
de la reflexión, y de que el espíritu se mantiene
más vivo que nunca y se alimenta incluso de hechos como
los sucedidos.
Madrid en pleno se volcó a sí misma. Testigos
presenciales de los atentados acudieron sin miramientos a auxiliar
a cuanto conciudadano pudiera; las fuerzas de seguridad y de
asistencia sanitaria trabajaron sin parar turnos enteros e incluso
doblados; los centros de donación de sangre se saturaron,
al punto que el llamamiento a donar sangre, además de
llegar cuando la gente ya estaba con las agujas puestas, se convirtió en
un agradecimiento puesto que las reservas estaban de sobra cubiertas.
El apoyo sicológico no se hizo esperar por ciudadanos
anónimos o no, simplemente por todo aquél que necesitaba
en su interior acudir sin titubeos a arropar a los demás.
Y pese a tanta solidaridad, el fantasma
más peligroso
flotaba sobre el ambiente, y no era tan siquiera el miedo a que
se sucedieran las réplicas, sino más bien una única
pregunta: ¿QUIÉN? Pregunta que no fue dilucidada
hasta dos días después, por lo menos en lo referente
a los adentros de las fronteras españolas, donde la información
apuntaba a ETA, la banda terrorista que llevara matando desde
hace más de 30 años y que hasta hace una semana
intentara hacerlo en esta misma ciudad con medios parecidos,
aunque el clamor mundial de apuntar a Al Qaeda como autores inequívocos
de la matanza confirmaran la sospecha más temida.
El pueblo español no estaba preparado (ninguno lo está)
para recibir esa noticia. Hace apenas un año más
de 10 millones de personas tan sólo en España salimos
a las calles para exigir a quienes dirigen el Leviatán
a no participar en esa masacre que se diera poco después
en Irak, a no dar coba al gobierno imperial de EEUU para acometer
las atrocidades que se siguen dando en Oriente Medio, a no comprometer
a España, ese débil eslabón de la cadena
del llamado “Eje del Bien” a ser un objetivo más
del integrismo islamista, y añadir a su ya desgraciada
lista una organización terrorista más dispuesta
a asesinar.
Pero el poder embriaga y el afán de protagonismo de Aznar,
el falso líder, desobedeció a la práctica
unanimidad de los españoles, mismos que le colocaran en
ese puesto para velar por el bien de sus ciudadanos y no por
sus intereses personales y partidistas.
Pero el tiro le salió por la culata al Trío de
las Azores: no pudo venir en peor momento la consecución
de los atentados, a escasos tres días de las elecciones
generales, que refrendaran o por el contrario censuraran la actuación
del Gobierno en los últimos dos años. El llamamiento
masivo de los ciudadanos a las urnas se tradujo en un vuelco
electoral en contra de ese neofascismo y a favor de una moderación
de los planteamientos y del entendimiento y del diálogo
perdido desde el 11 de septiembre.
España es el primer reflejo de que la voluntad del pueblo
no se contradice y que en definitiva somos nosotros, la Sociedad
Civil, con mayúsculas, quienes tenemos la voz cantante.
Nuestra bandera lo ha sido desde siempre la blanca, la de la
Paz, y el domingo el voto que depositamos fue ése, el
de la Paz. Incluso de aquéllos que ratificaron la actuación
del Gobierno, quizás, volviendo a Hobbes, en ese afán
de protección.
El señor Bush y el señor Blair se están
viendo obligados a replantearse muchas afirmaciones hechas con
singular alegría en pasados días. Ahora utilizan
la manipulación de la información afirmando que
el Presidente del Gobierno electo legítimamente en las
urnas españolas el pasado domingo ha decidido retirar
sus tropas de Irak como consecuencia del 11-M, en un acto de
cobardía y retracto. Nada más lejos de la realidad:
la respuesta del señor Rodríguez Zapatero responde única
y exclusivamente a la coherencia de pensamiento, y al mensaje
que los ciudadanos trasladaran el 15 de febrero de 2003 en las
macromanifestaciones contra la guerra, el viernes en las macromanifestaciones
por las víctimas del 11-M, el sábado 13 previo
a las elecciones en las concentraciones espontáneas que
se dieran por todos los rincones de la “Piel de Toro” y
que en definitiva se tradujera en los resultados del domingo.
Asimismo, el Gobierno Socialista, de corte
socialdemócrata,
y no comunista en sentido estricto como algunos medios de comunicación
estadounidenses afirman (esos medios sin ética profesional
y sin un ápice de cultura, que se lamentan de que España
dé un vuelco del capitalismo al socialismo, y que ignoran
que este país consolidó su cultura democrática
en gran parte gracias al gobierno socialista que ostentara Felipe
González y que llevara al país, entre otras cosas,
a la entonces Comunidad Europea y a la OTAN), está plenamente
convencido de que no podemos dejar a la deriva a un país
como Irak, envuelto en ese duelo permanente desde hace un año,
ese permanente 11-S y 11-M que viven los iraquíes, y que
sufren aterrados, los que consiguen sobrevivir. La voluntad es
mantener las tropas si y sólo si Naciones Unidas toma
el mando y los verdugos abandonan sus intereses en la zona. De
otra forma, está totalmente en contra de seguir esta obra
de teatro de siniestras connotaciones.
Pero aun así el reto no está en quienes ostentan
el poder, sino en aquéllos que, nuevamente, caminamos
por calles y plazas, conducimos nuestros coches y cruzamos avenidas
con la mirada viva y latente, con la convicción de que
el terror, el de los integristas o el del Estado, puede matar
vidas, pero el espíritu renace día a día
y nos ayuda a construir una sociedad mejor, aquí, en EEUU,
en Irak, en Marruecos o en Indonesia. Y que hoy nos ha tocado
ver a los ojos a las víctimas, escuchar acongojados sus
desgarradores lamentos. Pero somos muchos más los que
hoy, en ese renacer de nuestro espíritu, somos más
sensibles a las atrocidades que se cometen en cualquier punto
cardinal del orbe, y por eso luchamos, desde nuestro pequeño
punto en el planeta, por un mundo más justo, por la paz,
por el diálogo, por el entendimiento entre los pueblos,
por el pluralismo étnico, religioso y político:
por el renacer del espíritu.
*José Alfredo Vallejo Canale vive en Madrid
y es politólogo.
Está colaborando con el Director de la NAPF para América
Latina en sus esfuerzos por establecer la NAPF en España.
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