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Causar Una Guerra Con Mentiras:
Nada Nuevo En Washington
Por Ruben Arvizu*, 6 Junio 2003
"El regimen iraquí posee armas químicas
y biológicas. El regimen iraquí está construyendo
las instalaciones necesarias para fabricar más armas químicas
y biológicas." --Presidente George W. Bush. Rose Garden,
26 de septiembre de 2002.
"Enviar estadounidenses a la batalla es la
decisión más difícil que puede tomar un presidente...
si se nos obliga a ir a la guerra, lucharemos por una causa justa
y a través de medios justos, salvando a los inocentes hasta
donde se pueda. Y prevaleceremos. Y si se nos obliga a ir a la
guerra, lucharemos con todo el poder y la fuerza de la milicia
de los Estados Unidos, y prevaleceremos." --Presidente George
W. Bush, Informe a la Nación, enero de 2003.
"Se han sobrepasado los límites de
la tolerancia. Después de repetidas amenazas, México
ha cruzado la frontera de los Estados Unidos, invadido nuestro
territorio y derramado sangre estadounidense sobre tierra estadounidense".
--Presidente James Folk, Declaración de Guerra contra México,
11 de mayo de 1846.
La decepción y la traición no es
nada nuevo en la política. La confrontación de los
hechos en torno a las verdaderas causas de la guerra con Irak
me recuerdan los ataques de Abraham Lincoln hacia el presidente
Polk y su partido por el origen de la guerra con México.
Específicamente, el joven congresista de Illinois exigió,
entre otras cosas, "que se le pidiera con todo respeto al
presidente de los Estados Unidos que informara a esta Cámara
si la zona en donde se había derramado la sangre de nuestros
ciudadanos estaba o no dentro del territorio que España
entregó a México según el tratado de 1819
".
Años después, Stephen A. Douglas
-candidato que disputó la presidencia a Lincoln, volvió
a recordarlo en su campaña para el senado en 1858, al decir
que Lincoln se había caracterizado por "ponerse del
lado del enemigo común contra su propio país".
Las maniobras de la administración Polk
para fabricar un casus belli contra sus vecinos del sur eran numerosas
e ingeniosas, aún cuando todavía no se había
creado la CIA u otras agencias de "inteligencia".
En 1846, muchas voces de innegable moralidad se
hicieron escuchar en oposición a estas tácticas.
El expresidente John Quincy Adams hizo una denuncia contra la
política ejercida desde hacia tiempo contra México
y se atrevió a votar en contra de la guerra mexicana. Semanas
antes de su muerte, el Sr. Adams votó a favor de una resolución
que promovía la retirada de las tropas de territorio mexicano
y la renuncia a todas las declaraciones del costo de la guerra.
Por esto, los representantes de la prensa y los funcionarios del
gobierno lo acusaron de "traición" y de "ofrecerle
asistencia y consuelo al enemigo".
En este caso, podemos comparar los casos de algunas
personalidades de nuestra época como Martin Sheen, Susan
Sarandon, Michael Moore y los Dixie Chicks, que OSARON expresar
su oposición a las agresivas políticas del Sr. Bush.
Por este motivo, se les ha hostigado e incluso amenazado de perder
su sustento.
Al igual que Adams, muchos otros pensaban que Estados
Unidos había puesto a México en una postura defensiva
de lo que le pertenecía por derecho. Ulysses S. Grant,
el victorioso general de la Guerra Civil y dos veces presidente
de Estados Unidos, fue teniente segundo en el "ejército
de observación" de Zachary Taylor. Grant pensaba que
la avanzada armada en territorio mexicano era "profana".
En sus "Memorias Personales", afirma: "hasta la
fecha, considero que la guerra mexicana fue una de las más
injustas que haya emprendido una nación fuerte contra otra
más débil. Es el caso de una república que
sigue el mal ejemplo de las monarquías europeas, al no
tomar en cuenta la justicia en su deseo por adquirir territorio
adicional". Grant también lamenta "no haber tenido
el suficiente valor moral para renunciar". Me pregunto si
el Secretario Colin Powell alguna vez ha leído las memorias
de Grant.
Henry Thoreau hizo su propia protesta contra la
guerra rehusándose a pagar un impuesto especial para esa
guerra. Pasó una breve temporada en la cárcel y
después de que su tía pagó el impuesto, escribió
una de las piezas más conocidas de la literatura estadounidense
en su cabaña del lago Walden: "Ensayo en
Desobediencia Civil", una obra que ha servido
como modelo a pacifistas como Gandhi y Martin Luther King.
En enero de 2003, el presidente Bush declaró
solemnemente en su informe a la nación: "Buscamos
la paz. Ansiamos la paz. Y a veces, la paz debe defenderse. Un
futuro que se vive a merced de terribles amenazas no es paz. Si
se nos obliga a ir a la guerra, lucharemos por una causa justa
y a través de medios justos, salvando a los inocentes hasta
donde se pueda".
El presidente Polk hizo una declaración
similar asegurándole al pueblo de México que no
tenía nada que temer de las fuerzas invasoras estadounidenses,
pues éstas estaban ahí para "protegerlo y ayudarlo
a deshacerse de su mal gobierno". Desde luego, nunca mencionó
su enorme codicia por adquirir territorio mexicano.
En 1847, las fuerzas estadounidenses comandadas
por el general Winfield Scott bombardearon y destruyeron el puerto
de Veracruz. Durante esta batalla, un joven capitán, Robert
E. Lee, otra personalidad de la Guerra Civil, escribió
en una de sus cartas: "El fuego era increíble y los
disparos de nuestra batería eran constantes y regulares,
tan hermosos en su vuelo y tan destructivos en su caída.
Fue horrible. Mi corazón sangraba por los habitantes. Los
soldados no me preocupaban mucho, pero era terrible pensar en
las mujeres y en los niños". (Biiografía de
Robert Lee por el general Fitzhugh Lee). Vaya "protección
y ayuda" del presidente Polk.
En 1848, el gran abolicionista William Jay escribió
uno de los libros más críticos relativos a este
injusto conflicto. En "Review of the Mexican War" (Repaso
de la Guerra Mexicana), Jay asevera: "Se nos ha enseñado
a repicar las campanas y a iluminar nuestras ventanas y a encender
fuegos artificiales para manifestar nuestra alegría, cuando
hemos escuchado que nuestras tropas han causado gran ruina, destrucción,
miseria y muerte sobre un pueblo que jamás nos hizo daño,
que jamás disparó un tiro en nuestra tierra y que
era completamente incapaz de planear una ofensiva en nuestra contra".
La guerra con México ha resultado la más
beneficiosa para Estados Unidos. Se aseguró la incorporación
de Texas y "adquirió" lo que ahora es Nuevo México,
Arizona, California, Utah, Nevada, Colorado y parte de Wyoming.
Esta zona se convirtió en el "Dorado Oeste."
Durante la celebración del Día del
Veterano, no se hace ninguna mención de esta productiva
guerra, ignorando a los miles de estadounidenses que murieron
siguiendo la doctrina del Destino Manifiesto. Tal
vez porque fue una simple guerra de conquista.
La guerra con Irak todavía no termina. Soldados
estadounidenses siguen muriendo casi cada semana en la nación
árabe ocupada. Han muerto miles de hombres, mujeres y niños
iraquís inocentes. Muy efectiva la protección de
vidas inocentes del presidente Bush.
El negocio del petróleo y el otorgamiento
de lucrativos contratos para la reconstrucción de Irak
al círculo interno de compañías relacionadas
con los altos funcionarios de esta administración impregnan
el ambiente con un aroma de sospecha.
La posibilidad de que el Senado lleve a cabo una
investigación para determinar si el pueblo estadounidense
y el mundo entero fueron engañados en lo que George Bush
arrogantemente ha llamado "la primera guerra del siglo XXI"
podría llevar a un enjuiciamiento político y a una
completa deshonra.
Y al final, de 1846 a 2003, nada ha cambiado mucho.
* Ruben Arvizu
es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace
Foundation.
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