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Después de la Guerra de
Irak: Pensando en el Futuro
Por Richard Falk y David Krieger, Mayo 1,
2003*
Traducción de Rubén Arvizu*
El resultado de la guerra de Irak ha producido
otra victoria militar para las fuerzas de Estados Unidos, reforzando
los resultados de la guerra del Golfo (1991), la de Kosovo (1999),
y la guerra de Afganistán (2001). Pero ésto nunca
estuvo en duda, y cualquier triunfalismo es prematuro por varias
razones.. Aún en el mismo Irak todavía no está
claro si las consecuencias de ésta guerra será una
transición hacia un Irak pacífico y democrático,
una vorágine hacia la guerra civil, o una constante violencia
de quienes siguen viendo a las fuerzas americanas como "invasoras,"
y no como "libertadoras." Es demasiado prematuro decir
si habrán más efectos regionales adversos, que podrían
incluir una extensión de la guerra a Siria y posiblemente
a Irán, y aumento de la inestabilidad en países
como Egipto, Arabia Saudita, y Jordania. Es probable que los palestinos
sufran nuevos ataques debido al impacto de la guerra de Irak,
distrayendo la atención del mundo a las tácticas
opresivas que son empleadas diariamente por los israelíes,
dando a la vez a Tel Aviv un mandato para continuar rechazando
un proceso de paz que sea justo para ambas partes. Más
remotamente, pero aún en el reino de la posibilidad, se
cierne ominosa la desestabilización en el frágil
status de la India y Paquistán que podría quedar
fuera de control, produciendo otra guerra entre estos dos antagonistas,
que sería la primera en que ambos estados hicieran uso
de sus armas nucleares. Cada vez se profundiza más el anti-americanismo
alrededor del mundo y eso conduce a una renovada oleada de violencia
extrema dirigida hacia los norteamericanos y sus intereses globales.
Estos riesgos, aunque substanciales, son especulativos,
y se pueden evitar hasta cierto grado. Lo que es totalmente cierto
es el daño hecho al derecho internacional, las Naciones
Unidas, y más generalizado, al orden mundial Tales daños
son particularmente serios pues se relacionan con lo más
significativo de los esfuerzos internacionales, regular las guerras
con una combinación de normas internacionales, procedimientos
y responsabilidades institucionales. Lo que hizo la administración
Bush fue desafiar estos esfuerzos, estableciendo un precedente
para otros, y abrió un camino unilateralista con la intención
de liberar en el futuro al gobierno de E.E.U.U. de estas constricciones.
Los funcionarios ultra-conservadores como Richard
Perle, John Bolton, Dick Cheney, Paul Wolfowitz y Donald Rumsfeld,
que dictan las políticas en la administración Bush,
nunca han ocultado su desprecio hacia el derecho internacional
y las Naciones Unidas.
Regresando al Derecho Internacional y las Naciones
Unidas.
Este giro radical hacia un estado sin leyes internacionales
en la política extranjera de E.E.U.U. es particularmente
destructiva del orden mundial porque Estados Unidos, como el estado
más poderoso del mundo, fija las reglas del juego seguido
por otros estados. No es de sorprender por lo tanto, que el Ministro
de Relaciones Exteriores indio, Yashwant Sinha, ha declarado que
la India tiene "un caso más claro para implementar
la acción de derecho preferente contra Paquistán
que el que Estados Unidos tiene en el caso de Irak." Washington
carecería de toda credibilidad si se opusiera al recurso
de una guerra con derecho preferente entre la India y Paquistán.
En este caso, las pérdidas diplomáticas debidas
al unilateralismo podrían resultar inmensas. Pero más
allá de todo esto, existe el riesgo de que se pierda por
completo la tradición americana de liderar los esfuerzos
por implantar la ley en la política mundial. Tal liderazgo
data del idealismo de Woodrow Wilson por un orden universal al
fin de la Primera Guerra Mundial. Ha sido Estados Unidos, a pesar
de cierto flujo de sentimientos nacionalistas, quien hasta hace
poco tiempo había mantenido su papel como el constante
campeón en contra del uso de la fuerza en asuntos internacionales.
Fue el gobierno de E.E.U.U. quien tomó la iniciativa, junto
con Francia, en la creación del pacto Kellogg-Briand en
1928 que proscribió el recurso de la guerra excepto en
casos de autodefensa y estableció la fundación legal
para condenar a las guerras agresivas como un crimen contra la
paz. Estas fueron las bases en que se fundamentó el castigo
para los líderes alemanes y japoneses después de
la Segunda Guerra Mundial en los Tribunales de Crímenes
de Guerra de Nuremberg y Tokio. Estados Unidos fue el arquitecto
de la carta de la O.N.U que prohibe el uso de la fuerza internacional
y que no puede justificarse como recurso defensivo si antes no
ha existido un ataque armado. Es cierto también, que fue
E.E.U.U., y especialmente Franklin Delano Roosevelt, quien insistió
en 1945 en el veto dado a los países principales, asegurándose
así de que la O.N.U no pudiera controlarlos por medio de
los erráticos caprichos geopolíticos
En este sentido, no debemos exagerar la ambición
de la O.N.U, ni pasar por alto el largo expediente de los países
principales buscando sus intereses estratégicos fuera de
la organización. Tanto E.E.U.U. como la Unión Soviética
utilizaron constantemente la fuerza durante las cuatro décadas
de la guerra fría sin importarles los dictados de la carta
de la O.N.U ni las opiniones que prevalecían en el derecho
internacional. Hubo muchas esperanzas de que el final de la guerra
fría restablecería la clase de consenso entre los
estados principales que existió durante la lucha anti fascista
en la Segunda Guerra Mundial. Algunos observadores interpretaron
el apoyo para la guerra del Golfo como argumentos para el optimismo,
demostrando que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad
podían llegar a un común acuerdo, y que la comunidad
internacional podría actuar colectivamente para revertir
los efectos de la agresión, en ese caso restaurando la
soberanía de Kuwait. La guerra de Kosovo, emprendida sin
la autorización de la O.N.U, estableció el sistema
para la doctrina Bush del derecho preferente, aunque tuvo el apoyo
regional de la OTAN y pareció necesaria para prevenir una
repetición de las luchas étnicas que habían
ocurrido apenas cuatro años antes en Bosnia. En cierto
sentido, este nivel de acuerdo dentro de la O.N.U apoyó
casi unánimemente a Estados Unidos cuando los ataques del
11 de septiembre, consintiendo en la iniciación de la guerra
de Afganistán.
La Guerra de Irak un Punto de Rompimiento
El recurso de la guerra contra Irak fue un punto
de rompimiento, ya que no existía una supuesta emergencia
humanitaria como en Kosovo, ni una alegada necesidad defensiva
como en Afganistán. En retrospectiva, el relajamiento a
las restricciones de la O.N.U para el uso de la fuerza en estos
ambos casos fue la causa de la grave situación que atraviesa
el organismo mundial con motivo del conflicto en Irak. A pesar
de ejercer todos sus recursos diplomáticos, el gobierno
de E.E.U.U no logró persuadir a una mayoría del
Consejo de Seguridad, y mucho menos a Francia, China, y Rusia,
que el recurso de la guerra contra Irak era justificado. Al mismo
tiempo, y dado que ha ocurrido la guerra, la emancipación
del pueblo iraquí de un régimen opresivo pudiera
verse como un paso positivo, siempre y cuando no sobrevenga una
nueva forma de dictadura y que Irak recupere su independencia
política sin sufrir una guerra civil o una prolongada,
y ya resentida, ocupación militar norteamericana. Pero
conceder esto no significa que sugerimos que la guerra de Irak
fue justificada o que su efecto, después de todo, es bueno
para la O.N.U, la región y el mundo. Algunos respetables
comentaristas como la decano del colegio Woodrow Wilson de Princeton,
Anne-Marie Slaughter, han intentado convertir una guerra ilegal
en una discusión para la reforma de la O.N.U. Slaughter
propone una resolución del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas que autorice la fuerza si se dan tres condiciones:
(1) Existen o son inminentes las armas de destrucción total;
(2) El país en cuestión tiene un deplorable expediente
en derechos humanos; (3) El país en cuestión ha
demostrado un intento agresivo. ¡Esto convertiría
en forma retroactiva la doctrina Bush en ley de la O.N.U, y proporcionaría
una fundación legal falsa para las guerras contra países
tan diversos como Siria, Irán, China, Israel, Paquistán,
Estados Unidos, y muchos otros! Discrepamos con la propuesta de
Slaughter. Nuestra revisión de los efectos de la guerra
de Irak nos sugiere una prioridad opuesta. En vez de procurar
reformular la definición de guerra ilegal bajo la carta
de la O.N.U, la comunidad internacional necesita reiterar su confianza
en la autoridad de la O.N.U en materias de paz y seguridad y en
el marco de la carta de restricciones legales. Es nuestra responsabilidad
como ciudadanos de una democracia insistir que nuestro propio
gobierno se adhiera al derecho internacional en su política
extranjera. Sólo el rechazo a la doctrina Bush del derecho
preferente como peligrosa y arrogante, así como ilegal,
que daña a la O.N.U y el orden mundial, puede traer la
esperanza de que los pueblos de la Tierra eviten la aterrorizante
y obscena perspectiva de vivir bajo una condición de guerra
perpetua. Esta perspectiva proyecta una nube oscura y siniestra
sobre el futuro de la humanidad.
*Richard Falk, es Profesor Distinguido Visitante
de la Univesidad de California en Santa Bárbara y Director
de la Nuclear Age Peace Foundation.
*David Krieger es fundador y Presidente de la Nucledar
Age Peace Foundation.
*Rubén Arvizu es Director para América
Latina de la Nuclear Age Peace Foundation.
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